
Colombianos y colombianas tenemos nuevo presidente. Los que estuvieron atentos a la rimbombante posesión transmitida por todos los medios, pudieron darse cuenta de las lágrimas, aplausos y otra cantidad de muestras de afecto y respaldo que se brindaron al saliente presidente Álvaro Uribe, y además, de espaldarazos, más aplausos y sonrisas al entrante Juan Manuel...
El nuevo mandatario Con la salida de un presidente que se quería eternizar en el cargo, situación que no vieron con buenos ojos ni siquiera sus amos del norte, apareció en la contienda electoral el primo del vice-presidente (acusado por Salvatore Mancuso de promover la creación del bloque capital de los paramilitares), nieto de un ex-presidente y familiar de los dueños del monopolio de los medios masivos de información: Juan Manuel Santos (Juan Manuel como lo llaman los medios, quizás porque lo de santos no es sino nombre). Buscando recomponer algo de la institucionalidad perdida la élite impuso a este candidato. No sin antes armar todo un circo de dos vueltas presidenciales donde jugó -o payaseó- un confuso intelectual, ex-alcalde y ex-profesor universitario (que entre otras, nos comprobó aquello que decían unos amigos de la tierra de zapata: ser intelectual no es lo mismo que ser inteligente. A través del show electoral se distrajo la atención del país y luego desde los medios masivos de información se repitió una de esas mentiras que repetidas mil veces se convierten en verdad: Colombia, la democracia más antigua de latinoamerica. Resulta que este Santo presidente fue, entre otras cosas, promotor de la reforma a las transferencias, ley mediante la cual la educación pública y los entes territoriales dejaron de recibir miles de millones de pesos; juicioso ministro de guerra, descansa sobre él un proceso penal en Ecuador por el bombardeo realizado contra el vecino país en 2008 -acción que dice volvería a realizar- y pesa sobre su “consciencia” el asesinato de más de 2000 jóvenes en los mal llamados “falsos positivos”. En los próximos cuatro años que nos esperan al lado de este Santo, los sectores democráticos, progresistas y populares tendremos por delante un gran camino que seguir construyendo. La Unidad de los de abajo se pone a la orden del día y la necesidad de aunar esfuerzos resulta ahora una prioridad. En este sentido, nuestra propuesta estudiantil debe fortalecerse al calor de la movilización y la lucha por la educación pública que no está al márgen de la lucha por la justicia social y la soberanía popular y nacional. En este esfuerzo nos encontraremos con propuestas diferentes que caminan en la misma dirección, no hay que dudar: "debemos insistir en lo que nos une y prescindir de lo que nos separa". Si logramos materializar estas apuestas seguramente vendrán nuevos momentos para el movimiento social y el país.
















